Nico lleva media vida peleando sin guantes en fábricas abandonadas de Barcelona. No porque le guste, sino porque las facturas no esperan y su padre se encarga de que nunca sobre nada. Lo tiene todo bajo control: las peleas, el dinero, la distancia con todo lo que le importa de verdad.
Excepto con Marta.
Marta es la hermana de su mejor amigo. La única regla que no puede romper. El problema es que lleva un año cruzándosela en el piso de Hugo, compartiendo madrugadas en la cocina y silencios que dicen demasiado, y Nico ya no recuerda cómo era no quererla.

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