No solo va a marcarme. Va a fecundarme.
Estoy completamente desnuda y expuesta de forma vergonzosa, plenamente consciente de que, en unos instantes, estaré retorciéndome y gritando mientras un clímax brutal tras otro devasta mi cuerpo, atado e indefenso.
Porque el lobo alfa que me ha reclamado y marcado viene a embarazarme de nuevo.
Y por mucho que me resista desesperadamente a mis ataduras, él va a tomar lo que es suyo.
La primera vez que percibió el aroma de mi excitación indefensa, perdió el control de sus instintos, me inmovilizó contra la pared, me azotó el trasero hasta dejarlo enrojecido y luego me montó y me embistió como una bestia salvaje.
Pero hoy no solo va a dejarme dolorida y agotada con su semilla chorreando por mis muslos.
Me va a llevar como su compañera.
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