Él necesitaba una esposa trofeo. Ella estaba decidida a no convertirse en una.
La primera vez que Rosalinda Povvi vio a Ettore Lucchese, tenía diez años. Él se convirtió en el monstruo de sus pesadillas. A los dieciséis descubrió algo aún peor: su padre y el de Ettore habían pactado su matrimonio para cuando cumpliera veintiuno.

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