Nunca debieron ser más que un secreto. Un verano imprudente.
Un error que ardía con demasiada intensidad para sobrevivir a la luz del día.
Cuando Bastian se fue sin decir una palabra, Lyzander se dijo que no importaba. Aprendió a enterrar el deseo bajo los golpes, la disciplina y el peso del liderazgo, hasta que la ira se afiló convirtiéndose en algo más mezquino. Algo más fácil de controlar. Ahora Lyzander es el capitán: intocable, respetado, temido.
Y Bastian ha vuelto.
La misma universidad, el mismo equipo de élite de hockey, el mismo dormitorio estrecho. Cada turno sobre el hielo es una partida de poder.
Cada entrenamiento es un castigo disfrazado de liderazgo.
Cada comentario hiriente, cada ejercicio extra, cada corrección en público le recuerda a Bastian quién tiene el poder.
Para el equipo, es autoridad.
Para Bastian, es personal.
Lyzander lo llama disciplina: control, armadura. Porque si él quiebra a Bastian primero, quizás no termine quebrándose a sí mismo. Pero el rencor fermenta hasta convertirse en hambre. Cada roce de piel es una amenaza. Cada mirada desafía al otro a recordar lo que fueron… y lo que todavía desean.
Porque en un mundo construido sobre la violencia, la lealtad y el silencio, desear a la persona equivocada no solo es peligroso: es imperdonable.
Y esta vez podría costarles todo.
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