Cuando mi mejor amigo Taylor me regaló unas vacaciones en un resort propiedad de sus abuelos, lo último que esperaba era conectar con un hombre diecisiete años mayor que yo.
Tate también estaba de vacaciones solo.
Había venido a Midnight Key para despejarse y replantearse su vida.
Yo había venido para superar la ruptura con mi novio de la secundaria, que me había dejado.
El primer día, vi a ese Adonis musculoso y tatuado en el vestíbulo y pensé que tenía que ser el padre atractivo de alguien.
Pero entonces coincidimos en una aplicación que conecta a solteros y solteras por proximidad.
¿El problema? Con diecinueve años —casi veinte— había mentido diciendo que tenía veintinueve.
Tate me descubrió en nuestra primera cita y le confesé mi verdadera edad.
Pero seguimos encontrándonos.
Y al final, descubrimos que nuestra conexión era demasiado magnética como para negarla. Aunque acordamos llamarnos solo por nuestros nombres de pila y despedirnos al final del viaje, me había enamorado perdidamente de Tate.
Nunca lo olvidé y supe que era el amor de mi vida.
¿Recuerdas a aquel amigo que me regaló el viaje?
Pues bien, cuatro años después, Taylor se casó.
Llevaba años distanciado de su padre, aunque hacía poco se habían reconciliado.
Lo que yo no sabía era que el hombre con el que había tenido aquel romance apasionado en el resort estaría junto a Taylor en la recepción.
¿Mi hombre ideal, Tate? Era el padre de Taylor.

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