Ella me salvó una vez.
Probablemente ella no lo recuerde.
Yo no puedo olvidarla.
Hace catorce años, cuando éramos pequeños, me moría de hambre.
No solo tenía hambre de estómago, sino que anhelaba bondad. Ansiaba que alguien me mirara como si importara.
Ella lo hizo.
Hasta que ya no pudo mirarme.
Aprendí a sobrevivir sin ser deseado en un hogar de acogida tras otro. Me aferro a mis recuerdos de ella. De cómo me veía como algo más que nada.
Y ahora ha vuelto a mi mundo.
Brillante. Exitosa. Intacta por la ruina que me convirtió en el monstruo que soy.
Debería mantenerme alejado.
Los hombres como yo no consiguen mujeres como ella.
Pero nunca he sido bueno para dejar ir.
Así que observo. Y espero. Diciéndome a mí mismo que es algo inofensivo.
Que amarla desde la oscuridad es suficiente.
Hasta que lo veo.
Un rostro de nuestro pasado.
Alguien que recuerda lo que hizo.
Y quiere que pague por ello.
He sobrevivido a cosas peores que él. No tengo miedo de abandonar mis principios morales para mantenerla a salvo.
Mi amor por ella nació en la oscuridad y el miedo. Un rayo de esperanza para un chico que no tenía nada.
Obsesión.
Ruina.
Pero es lo único bueno que he sentido en mi vida.
Y esta vez… no voy a dejar que nadie me la quite.

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