Firmé un contrato matrimonial falso para pagar mis deudas.
¿Mi esposo? Mi jefe multimillonario, frío y controlador hasta la médula.
Pero cuando decimos «sí, quiero», sus ojos brillan con un oro salvaje y feroz.
Acabo de casarme con un Alfa lobo letal.
Y empieza nuestra apuesta peligrosa: 90 días para no enamorarme.
Día 1: Juro que nunca me someteré a un monstruo.
Día 30: De día controla mi carrera. De noche me acorrala contra su escritorio, su fachada helada se rompe solo para oler mi aroma.
Día 60: Estoy enganchada a sus celos violentos. Al gruñido oscuro y territorial que le retumba en el pecho cuando otro hombre me mira siquiera.
Día 89: Descubro su trampa enferma y preciosa. Saboteó mi ascenso solo para mantenerme enjaulada. Hago la maleta y salgo corriendo.
Pero no se escapa de un Alfa.
Día 90: Me caza. Cierra las puertas con llave. Me sujeta las muñecas por encima de la cabeza. Su obsesión oscura se apodera de él.
«Perdiste la apuesta, mujercita», gruñe contra mi pulso.
Justo antes de que sus colmillos se hundan profundo en mi garganta.
¿Sobreviviré a su mordida… o me dejará consumir mi alma?

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