Oliver Luque es exactamente el tipo de hombre del que las familias ricas advierten a sus hijas: impulsivo, problemático, peligrosamente guapo y con una capacidad innata para meterse en líos.
El problema es que ahora también es millonario y, créeme, para él es un castigo.
Genoveva Santos lleva toda la vida siendo la hija perfecta: elegante, correcta y experta en sonreír en cenas donde lo único que quiere es salir corriendo mientras bebe champagne carísimo.
Total, fingir que es feliz se le da de perlas.
Lo que ella no espera es acabar escapándose de eventos de lujo en tacones para subirse a la moto de Oliver Luque y empezar a tomar decisiones capaces de escandalizar a media élite madrileña.

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