Mi padre no me salvó. Me utilizó como moneda de cambio.
Una firma.
Un error.
Una deuda que no contraje.
Y, de repente…
Pertenezco a la Bratva.
A él.
Adrik Volkov.
Frío. Despiadado. Intocable.
Un rey forjado en sangre.
Dice que ahora le pertenezco.
Que solo soy una garantía.
Una deuda pagada con carne.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario